100
%
|
20 %
|
APRECIACIÓN
CUALITATIVA
|
98-100
|
20
|
Excelente
|
93-97
88-92
|
19
18
|
Distinguido
|
83-97
78-82
|
17
16
|
Bueno
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73-77
|
15
|
Suficiente
Mínima Aprobatoria
|
miércoles, 22 de abril de 2015
Calificaciones
jueves, 9 de abril de 2015
La Sinergia
Los 7 hábitos de la gente
altamente efectiva stephen r. covey
Sexto hábito
La sinergia
Principios de cooperación creativa
Tomo
como guía lo que esperaba un santo:
en las
cosas esenciales, unidad:
en las
cosas importantes, diversidad;
en todas
las cosas, generosidad
MENSAJE INAUGURAL DEL PRESIDENTE
GEORGE BUSH
Cuando sir Winston Churchill fue
llamado a encabezar el esfuerzo de guerra de Gran Bretaña, observó que durante
toda su vida se había preparado para esa hora. En un sentido similar, el
ejercicio de todos los otros hábitos nos prepara para el hábito de la sinergia.
Entendida adecuadamente, la
sinergia es la actividad superior de la vida: la verdadera puesta a prueba y manifestación
de todos los otros hábitos reunidos.
Las formas más altas de la
sinergia se centran en los cuatro dones singulares humanos, en el motivo ganar/ganar,
y en las aptitudes para la comunicación empática en los desafíos más crueles
que afrontamos en la vida. El resultado es casi milagroso. Creamos nuevas
alternativas, algo que no estaba antes allí.
La sinergia es la esencia del
liderazgo transformador. Es la esencia de la paternidad transformadora.
Cataliza, unifica y libera las
más grandes energías del interior de la persona. Todos los hábitos que hemos examinado
nos preparan para crear el milagro de la sinergia.
¿Qué es la sinergia? Simplemente
definida, significa que el todo es más que la suma de sus partes.
Significa que la relación de las
partes entre sí es una parte en y por sí misma. Y no sólo una parte, sino la
más catalizadora, la que genera más poder, la más unificadora y la más
estimulante.
El proceso creador es también la
parte más terrible porque uno no sabe exactamente lo que va a suceder ni hacia
dónde conduce. No se sabe qué nuevos peligros y desafíos va a haber que
enfrentar. Empezar con un espíritu de aventura, de descubrimiento, de creatividad,
requiere una enorme seguridad interior. Sin duda, hay que abandonar la
comodidad del campamento y adentrarse en una zona salvaje enteramente nueva y desconocida.
Uno se convierte en explorador, en un pionero que marca el camino. Abre nuevas posibilidades,
nuevos territorios, nuevos continentes, y otros pueden seguirlo.
La sinergia está en todas partes
en la naturaleza. Si uno planta juntos dos vegetales, las raíces se entremezclan
y mejoran la calidad del suelo, de modo que las dos plantas crecen mejor que si
estuvieran separadas. Si adosamos dos trozos de madera, podrán sostener un peso
mucho mayor que la suma de los pesos que sostienen ambos trozos separadamente.
El todo es más que la suma de sus partes. Uno más uno es igual a tres o más.
El desafío consiste en aplicar en
nuestras interacciones sociales los principios de la cooperación creativa que
nos enseña la naturaleza. La vida de familia proporciona muchas oportunidades
de observar la sinergia y practicarla.
El hecho mismo de que un hombre y
una mujer engendren un hijo es sinérgico. La esencia de la sinergia consiste en
valorar las diferencias: respetarlas, compensar las debilidades, construir
sobre las fuerzas.
Es obvio que valoramos las
diferencias físicas entre el hombre y la mujer, entre esposo y esposa. Pero, ¿qué
decir de las diferencias sociales, mentales y emocionales? ¿Podrían esas
diferencias ser también fuentes de formas de vida nuevas y estimulantes, de un
ambiente que permita la realización de todas las personas, que nutra la
autoestima y la autovaloración, que cree oportunidades para que cada uno madure
en la independencia y después, gradualmente, en la interdependencia? ¿Podría la
sinergia crear un nuevo guión para la próxima generación, más adecuado para el
servicio y la contribución, menos protector, menos competitivo, menos egoísta;
un guión más abierto, más generoso y confiado, y menos defensivo y político; un
guión más afectuoso, solícito, y menos posesivo y crítico?
Comunicación sinérgica
Cuando uno se comunica con
sinergia, simplemente abre su mente, su corazón y sus expresiones a nuevas
posibilidades, nuevas alternativas, nuevas opciones. Se diría que de ese modo
se deja a un lado el primer hábito (empezar con un fin en mente), pero en
realidad ocurre lo opuesto: se pone en práctica. Al comprometerse en la
comunicación sinérgica uno no está seguro de cómo saldrán las cosas o cuál será
el resultado, pero interiormente experimentamos una sensación de entusiasmo, seguridad
y aventura; confiamos en que todo será mejor después del proceso. Y ése es el
objetivo en el que pensamos.
Se empieza con la creencia de que
las partes implicadas obtendrán más comprensión, y de que el estímulo de ese
aprendizaje y esa comprensión recíprocos creará a su vez un impulso hacia una
mayor comprensión, aprendizaje y desarrollo.
Muchas personas nunca han
experimentado ni siquiera un grado moderado de sinergia en su familia o en otras
interacciones. Su adiestramiento y sus guiones las han programado para la
comunicación protectiva y defensiva, o para creer que no se puede confiar en la
vida ni en las otras personas. Como consecuencia, nunca se han abierto al sexto
hábito y a estos principios.
Esto constituye una de las
grandes tragedias y despilfarras de la vida, debido al gran potencial que queda
inexplotado, completamente subdesarrollado y sin uso. Las personas inefectivas
viven día tras día con un potencial sin usar. En sus vidas experimentan la
sinergia sólo en pequeña medida y de modo periférico.
Tal vez recuerden algunas
experiencias creativas excepcionales, por ejemplo en el deporte, cuando compartieron
un espíritu de equipo durante cierto tiempo. Puede que se haya encontrado en
una situación de emergencia en la que la gente cooperó en un grado inusualmente
alto, ahogando el ego y el orgullo en el esfuerzo destinado a salvar la vida de
alguien o a lograr la solución de una crisis.
A muchos, esos acontecimientos
pueden parecerles una excepción, casi insólitos en la vida, incluso milagrosos.
Pero esto no es así. Estas cosas pueden producirse regularmente,
sistemáticamente, casi cotidianamente. Pero para ello se necesita una
seguridad, una apertura y un espíritu de aventura enormes.
La mayor parte de los esfuerzos
creadores son un tanto impredecibles. A menudo parecen ambiguos, imprecisos, de
ensayos y error. Y a menos que se tenga una alta tolerancia a la ambigüedad y
se obtenga seguridad de la integridad de los principios y valores interiores,
uno puede encontrar desalentadora y desagradable la participación en empresas
altamente creativas. Las personas tienen una excesiva necesidad de estructura,
certidumbre y predictibilidad.
Sinergia en el aula
Como maestro, he llegado a creer
que todo curso verdaderamente inteligente oscila al borde del caos. La sinergia
demuestra si los alumnos están o no abiertos al principio de que el todo es más
que la suma de sus partes.
A veces ni el maestro ni los
alumnos están seguros de lo que va a suceder. Al principio hay un ambiente seguro
que permite a la gente abrirse realmente y aprender a escuchar las ideas de los
otros. Después empieza el brainstorming, la aportación profusa de los diversos
puntos de vista, en la cual el espíritu de evaluación se subordina al espíritu
de creatividad, a la imaginación y al establecimiento de redes intelectuales.
Entonces comienza a producirse un fenómeno absolutamente inusual. Toda la clase
se transforma con el estímulo de un nuevo ímpetu, una nueva idea, una nueva
dirección que es difícil de definir, pero que resulta casi palpable para los
participantes.
La sinergia es casi como si un
grupo estuviera de acuerdo colectivamente en subordinar viejos guiones y redactar
uno nuevo.
En cierta oportunidad yo enseñaba
en la universidad filosofía y estilo del liderazgo. Habían pasado tres semanas
del semestre cuando, en medio de una exposición, alguien empezó a relatar
experiencias personales muy poderosas, a los mismos tiempos emocionales y perspicaces.
La clase compartió un espíritu de humildad y respeto: respeto por aquel
individuo y aprecio por su coraje.
Ese espíritu se convirtió en un
terreno fértil para un esfuerzo sinérgico y creativo. Algunos empezaron a sacar
partido de él, compartiendo ciertas experiencias y comprensiones, e incluso
dudas acerca de sí mismos.
El espíritu de confianza y
seguridad impulsó a muchos a abrirse extremadamente. En lugar de exponer lo que
habían preparado, se basaron en las ideas y comprensiones de los otros, y comenzaron
a crear todo un nuevo libreto en cuanto a lo que podía significar esa clase.
Yo quedé profundamente implicado
en el proceso. Fue tan mágico y creador que me sentí casi magnetizado. Y
gradualmente fui aflojando mi compromiso con la estructura de la clase,
totalmente sensibilizado a las nuevas posibilidades. No se trataba sólo del
vuelo de la fantasía; existía una sensación de madurez, estabilidad y sustancia
que trascendía enormemente el plan y la estructura antiguos.
Abandonamos los viejos
compendios, los libros de texto comprados y todos los planes de exposición, y abordamos
nuevos propósitos, proyectos y asignaciones de tareas. Lo que estaba sucediendo
nos estimuló tanto, que más o menos tres semanas después todos experimentamos
el abrumador deseo de compartirlo con otros.
Decidimos escribir un libro que
contuviera lo que habíamos aprendido y comprendido sobre el tema de nuestro
estudio: los principios del liderazgo. Cambiaron las asignaciones de tareas, se
emprendieron nuevos proyectos, se formaron nuevos equipos. Todos los
participantes trabajaron mucho más que lo que lo habrían hecho en la estructura
original de la clase, y por un conjunto de razones totalmente distintas.
De esta experiencia emergió una
cultura extremadamente singular, cohesiva y sinérgica que no concluyó con el
semestre. Miembros de esa clase siguieron reuniéndose durante años.
Incluso hoy en día, muchos años
después, solemos vernos, hablamos sobre la experiencia e intentamos describir
lo que sucedió y por qué.
Una de las cosas interesantes
para mí fue el poco tiempo que transcurrió hasta que apareció la confianza suficiente
como para crear esa sinergia. Entiendo que en gran medida se debió a que los
participantes eran relativamente maduros. Estaban en el semestre fi nal del
último año, y me parece que aspiraban a algo más que a otra buena experiencia
en el aula. Tenían hambre de algo nuevo y estimulante, algo verdaderamente significativo
que ellos pudieran crear. En su caso, se trataba de «una idea cuyo tiempo había
llegado».
Además, la química fue correcta.
Yo sentí que experimentar la sinergia era más poderoso que hablar sobre ella,
que producir algo nuevo era más significativo que limitarse a leer un texto
anterior.
Yo también (me parece que como la
mayoría de las personas) he pasado por momentos casi sinérgicos, suspendidos al
borde del caos, y por alguna razón caí en él. Lamentablemente, ciertas personas
que han padecido esas experiencias suelen entrar en otras nuevas con ese fracaso
en mente. Se defienden de la sinergia y se sustraen a ella.
El caso es análogo al que los
administradores que establecen nuevas reglas y regulaciones basadas en los abusos
de unas pocas personas de la organización, limitando de este modo la libertad y
las posibilidades creativas de muchos otros. Algo parecido hacen tam bién los
socios comerciales que imaginan los peores guiones posibles y los redactan en
lenguaje legal, anulando todo espíritu de creatividad y empresa, y toda posibilidad
de sinergia.
Recordando muchas experiencias de
asesoramiento y educación de ejecutivos, puedo decir que los puntos destacados
fueron casi siempre sinérgicos. Por lo general había un momento inicial que
requería un considerable coraje, tal vez al pasar a ser extraordinariamente
auténticos, al afrontar alguna verdad interior sobre el individuo, la
organización o la familia que realmente necesitaba expresarse, pero cuya
expresión exigía una combinación de considerable coraje y genuinos deseos de
expresarla. Entonces los otros también se volvían auténticos, abiertos y
sinceros, y se iniciaba el proceso de la comunicación sinérgica. Por lo general
iba aumentando la creatividad, y terminaba con comprensiones y planes que nadie
había anticipado al principio.
Como ha enseñado Cari Rogers, «Lo
más personal es lo más general». Cuanto más auténtico se vuelve uno, cuanto más
auténtico es en su expresión, particularmente acerca de las experiencias
personales e incluso de las dudas sobre sí mismo, tanto más las personas pueden
relacionarse con esa expresión, y a su vez se sienten más seguras para
expresarse. Esa expresión se vierte sobre el espíritu de la otra persona, y se
produce una auténtica empatía creadora, que origina nuevas comprensiones y aprendizajes,
y una sensación de entusiasmo y aventura que mantiene el proceso en marcha.
Entonces las personas empiezan a
interactuar entre sí casi con medias palabras, a veces incoherentes, pero cada
uno capta con mucha rapidez lo que quiere decir el otro. Se abren mundos
enteramente nuevos de comprensión, nuevas perspectivas, nuevos paradigmas que
permiten elegir nuevas alternativas, y se piensa sobre todo ello. Aunque
ocasionalmente esas nuevas ideas quedan en el aire, por lo general llegan a
cierta conclusión práctica y útil.
La sinergia en la empresa
Yo he disfrutado de una
experiencia sinérgica particularmente significativa al trabajar con mis
asociados para crear el enunciado de la misión de nuestra empresa. Casi todos
los miembros de la compañía nos reunimos en las montañas, donde, rodeados por
la magnificencia de la naturaleza, empezamos con un primer borrador de lo que
algunos de nosotros considerábamos un excelente enunciado de misión.
Al principio la comunicación fue
respetuosa, solícita y predecidle. Pero cuando comenzamos a hablar sobre las
diversas alternativas, posibilidades y oportunidades que teníamos por delante,
la gente adquirió una actitud auténtica y abierta; simplemente pensaba en voz
alta. La agenda del enunciado de la misión dejó paso a una asociación libre
colectiva, a una espontánea complementación participativa de las ideas. Todos
mostraban genuina empatía y coraje, y nos movimos, desde la comprensión y el
respeto mutuos, a la comunicación sinérgica creativa.
Todos podían sentirlo. Era
excitante. Cuando maduró, volvimos a la tarea de poner en palabras la visión colectiva
desplegada; cada una de esas palabras contiene un significado específico y
compromete con él a todos los participantes.
El enunciado de la misión
resultante dice:
Nuestra misión es dar poder a las
personas y organizaciones para aumentar significativamente su capacidad de
rendimiento en el logro de fines que merezcan perseguirse por medio de la
comprensión y la puesta en práctica en la vida de los principios del liderazgo
transformador.
El proceso sinérgico que condujo
a la creación de nuestro enunciado de la misión se grabó en los corazones y
mentes de quienes nos encontrábamos allí, y nos ha servido como marco de
referencia de lo que buscamos, y también de lo que no buscamos.
Otra experiencia con alto nivel
de sinergia tuvo lugar cuando yo acepté una invitación a servir como catalizador
de recursos y de la discusión en el encuentro anual de planificación de una
gran compañía de seguros. Algunos meses antes, me reuní con el comité
responsable de preparar y organizar el encuentro de dos días en el que
participarían los más altos ejecutivos. Me informaron de que la pauta
tradicional consistía en identificar cuatro o cinco cuestiones principales
mediante cuestionarios y entrevistas, y en recoger propuestas alternativas
presentadas por los ejecutivos. Los encuentros del pasado habían sido en
general intercambios respetuosos, que ocasionalmente se deterioraban, cayendo
en batallas egocéntricas y defensivas del tipo gano/pierdes. Solían ser
predecibles, nada creativos y muy aburridos.
Cuando hablé con los miembros del
comité sobre el poder de la sinergia, les hice tomar conciencia de su potencial.
Con considerable azoramiento, estuvieron de acuerdo en cambiar la pauta. Les
pidieron a diversos ejecutivos que prepararan «libros blancos» sobre cada una
de las cuestiones de alta prioridad, y después se les pidió a todos los
participantes del encuentro que los leyeran con anticipación, para comprender
los problemas y los distintos puntos de vista. Iban a acudir al encuentro más
preparados para escuchar que para exponer, para crear y sinergizar, más que
para defender y proteger.
Pasamos el primer medio día
enseñando los principios y practicando las aptitudes de los hábitos cuarto,
quinto y sexto. Dedicamos el resto del tiempo a la sinergia creativa.
La liberación de energía creadora
fue increíble. El entusiasmo reemplazó al aburrimiento. Cada uno se abrió a la
influencia de los otros, se generaron nuevas comprensiones y opciones. Hacia el
final del encuentro se desplegó un entendimiento enteramente nuevo de la
naturaleza del desafío central que afrontaba la empresa. Las propuestas de los
libros blancos se volvieron obsoletas. Las diferencias fueron valoradas y trascendidas.
Empezó a tomar forma una nueva visión común.
Después de haber experimentado
una sinergia real, la gente no vuelve a ser la misma. Sabe que existe la posibilidad
de experimentar en el futuro otra de estas aventuras que expanden la mente.
A menudo se intenta recrear una
experiencia sinérgica particular, pero muy pocas veces se logra. Sin embargo,
el propósito esencial que está detrás del trabajo creativo puede recapturarse.
Como en la filosofía del Lejano Oriente, «no buscamos imitar a los maestros,
sino que buscamos lo que buscan ellos»; no procuramos imitar experiencias
creadoras sinérgicas del pasado, sino que aspiramos a experiencias nuevas de
ese tipo, entorno a propósitos nuevos, diferentes y a veces superiores.
Sinergia y comunicación
La sinergia es estimulante. La
creatividad es estimulante. Es extraordinario lo que pueden producir la apertura
y la comunicación. Las posibilidades de que se produzca una ganancia
verdaderamente significativa, un progreso importante, son tan reales que vale
la pena correr el riesgo que esa apertura entraña.
Después de la Segunda Guerra
Mundial, los Estados Unidos encargaron a David Lilienthal encabezar la nueva
Comisión de Energía Atómica. Lilienthal reunió a un grupo de personas sumamente
influyentes (celebridades por derecho propio), apóstoles, por así decirlo, de
sus propios marcos de referencia.
Ese grupo de individuos muy
diversos tenía un plan de trabajo extremadamente pesado y estaba impaciente por
poner manos a la obra. Además, la prensa lo apremiaba.
Pero Lilienthal dedicó varias
semanas a crear una abultada cuenta bancaria emocional. Hizo que aquellas personas
se conocieran entre sí, que conocieran sus intereses, sus esperanzas, sus
metas, sus preocupaciones, sus antecedentes, sus marcos de referencia, sus
paradigmas. Lilienthal facilitó el tipo de interacción humana que crea lazos
entre las personas, y fue severamente criticado por dedicar tiempo a hacerlo,
lo cual no se consideraba «eficiente».
Pero el resultado neto fue que este grupo
estableció una red de relaciones estrechas; cada miembro quedó abierto a los otros,
en un conjunto muy creativo y sinérgico. El respeto entre ellos era tan alto
que, si surgía un desacuerdo, en lugar de oposición y defensa se producía un
auténtico esfuerzo tendente a la comprensión. La actitud general era: «Si una
persona de su inteligencia, competencia y compromiso disiente de mí, debe de haber
algo en su desacuerdo que yo no entiendo y que necesito entender. Usted tiene
una perspectiva, un marco de referencia que yo necesito percibir». Se
desarrolló una interacción no protectiva, y nació una cultura inusual.
El diagrama anterior ilustra lo
estrechamente relacionada que está la confianza con los diferentes niveles de
comunicación.
El nivel inferior de la
comunicación en las situaciones de baja confianza se caracterizaría por la actitud
defensiva y autoprotectora, y a menudo por un lenguaje legalista que abarca
todas las bases, califica las alternativas y estipula cláusulas para la huida
en el caso de que las cosas salgan mal. Esta comunicación sólo produce
gano/pierdes o pierdo/ganas. No es efectiva (allí no hay equilibrio P/CP) y
crea nuevas razones para defender y proteger.
La posición media es la
comunicación respetuosa. En este nivel interactúan las personas maduras. Se respetan
entre sí, pero quieren evitar la posibilidad de confrontaciones desagradables,
de modo que se comunican con diplomacia, aunque no con empatía. Tal vez se en
tiendan en un plano intelectual; sin embargo, no tienen una visión profunda de
sus propios paradigmas y supuestos subyacentes, ni se abren a nuevas posibilidades.
La comunicación respetuosa opera
en situaciones independientes e incluso en situaciones interdependientes, pero
sin acceso a posibilidades creativas. En las situaciones interdependientes habitualmente
se opta por la transacción. La transacción significa 1 + 1 = 1 1/2. Las dos
partes dan y toman. La comunicación no es defensiva o autoprotectora, ni
amenazadora o manipulativa; es honesta, auténtica y respetuosa. Pero no es
creativa ni sinérgica. Produce una forma de-valuada del ganar/ganar.
La sinergia significa que 1 + 1
puede ser igual a 8,16 o incluso 1600. La posición sinérgica de alta confianza
produce soluciones mejores que cualquiera de las originalmente propuestas, y
todas las partes lo saben. Además disfrutan auténticamente de la empresa creativa.
Se constituye una mini cultura satisfactoria en y por sí misma. Aunque sea
breve, existe allí un equilibrio P/CP.
En ciertas circunstancias no se
puede lograr la sinergia y la salida «No hay acuerdo» resulta inviable. Pero incluso
entonces, un espíritu de intento sincero da habitualmente por resultado una
transacción más efectiva.
La pesca de la tercera alternativa
Para tener una mejor idea del
modo en que nuestro nivel de comunicación afecta a nuestra efectividad interdependiente,
visualicemos el siguiente guión.
En época de vacaciones, un hombre
quiere llevar a su familia al lago para vivir en la naturaleza y pescar.
Se trata de algo importante para
él; lo ha estado planificando durante todo el año. Ha alquilado una cabana y un
bote; los hijos están realmente entusiasmados.
Pero la esposa deseaba emplear
las vacaciones para visitar a su madre enferma, que se encuentra a unos doscientos
cincuenta kilómetros de distancia. No tiene oportunidades frecuentes de verla,
lo cual es importante para ella.
Estas diferencias pueden ser
causa de una importante experiencia negativa.
«Ya hicimos los planes. Los
chicos están entusiasmados. Deberíamos ir al lago», dice el marido.
«No sabemos cuánto tiempo más
vamos a tener a mamá con nosotros, y quiero estar con ella», contesta la esposa.
«Si no vamos ahora, ¿cuándo volveremos a tener tiempo para hacerlo?»
«Todo el año hemos estado
esperando esta semana de vacaciones. Los chicos no van a estar contentos pasando
una semana en casa de la abuela. Nos van a volver locos. Además, tu madre no
está tan enferma. Y tu hermana, que vive a menos de un kilómetro de ella, puede
encargarse de cuidarla.»
«Es mi madre también. Quiero
estar con ella.»
«Puedes hablarle por teléfono
todas las noches. Y tenemos el proyecto de encontrarnos en la reunión familiar
de Navidad, ¿recuerdas?»
«Para eso faltan cinco meses. Ni
siquiera sé si para entonces aún estará viva. Además, me necesita y quiere que
esté con ella.»
«La están cuidando perfectamente.
Y los chicos y yo también te necesitamos.»
«Mi madre es más importante que
pescar.»
«Tu esposo y tus hijos son más
importantes que tu madre.»
Como no están de acuerdo, durante
esas idas y venidas finalmente puede surgir algún tipo de transacción.
Tal vez decidan tomarse
vacaciones separadas: el hombre se va con los hijos al lago y la mujer visita a
la madre. Los dos se sentirán culpables y desdichados. Los hijos lo sentirán, y
no podrán disfrutar plenamente de las vacaciones.
También es posible que el esposo
acceda al deseo de su mujer, pero lo hará de mala gana. Y, consciente o inconscientemente,
producirá pruebas de que se está cumpliendo su profecía de que todos se
sentirán mal durante esa semana de vacaciones.
Si es la esposa la que cede, se
encerrará en sí misma y se mostrará sumamente sensible a cualquier novedad
respecto del estado de su madre. Si ésta llegara a morir, tal vez el esposo
nunca se perdonará haber insistido, y la mujer tampoco se lo perdonará a él.
Sea cual fuere la transacción a
la que finalmente lleguen, puede que a lo largo de los años la recuerden como
prueba de insensibilidad, indiferencia o nulo sentido de las prioridades. Podría
constituir una fuente de disputa por mucho tiempo, e incluso dividir a la
familia. Muchos matrimonios alguna vez perfectos, apacibles, espontáneos y
afectuosos se han deteriorado hasta llegar a la hostilidad por causa de una
serie de incidentes de este tipo.
El esposo y la esposa ven la
situación de modo diferente. Y esa diferencia puede dividirlos, separarlos,
introducir malentendidos en la relación. O bien acercarlos en un nivel más
alto. Si han cultivado los hábitos de la interdependencia efectiva podrían
afrontar sus diferencias en el marco de un paradigma totalmente distinto, comunicándose
en un nivel superior.
Como tienen una abundante cuenta
bancaria emocional, en su matrimonio existe la confianza y la comunicación
abierta. Como piensan en ganar/ganar, creen en una tercera alternativa, en una
solución mutuamente beneficiosa, preferible a todas las propuestas en principio.
Como escuchan empáticamente y procuran primero compren der, crean dentro de sí
y entre ellos un cuadro amplio de los valores y preocupaciones que hay que
tener en cuenta para tomar una decisión.
Y la combinación de esos
ingredientes la cuenta bancaria emocional abundante, el pensamiento de ganar/ganar,
el procurar primero comprender crea un ambiente ideal para la sinergia.
En el budismo, esto se llama «el
camino del medio». En este caso, «el medio» no significa transacción; significa
algo más alto, como el vértice superior de un triángulo.
Al buscar el camino «del medio» o
superior, esposo y esposa comprenden que su amor, su relación, forma parte de
su sinergia.
Al comunicarse, el esposo siente
real y profundamente el deseo de su mujer, la necesidad que ella tiene de estar
con su madre. Comprende que quiere aliviar las obligaciones de la hermana, que
es la principal responsable del cuidado de la enferma. Comprende que realmente
no saben por cuánto tiempo más estará con ellos, y que sin duda es más
importante que pescar.
Y la esposa comprende
profundamente el deseo del esposo de que toda su familia esté junta, y de procurarles
a los chicos una gran experiencia. Tiene presente la inversión realizada en
lecciones y equipos de pesca para esas vacaciones, y la importancia de crear
buenos recuerdos conjuntos.
De modo que reúnen todos esos
deseos. No se sitúan en los lados opuestos del problema. Comparten un mismo
lado mientras examinan la cuestión, comprendiendo las necesidades y creando una
tercera alternativa que habrá de satisfacerlos.
«Tal vez podamos pensar en otro
momento de este mes para que visites a tu madre», sugiere el marido.
«Yo podría hacerme cargo de la
casa durante el fin de semana y después conseguir que alguien me ayudara de manera
que tú puedas ir. Sé que para ti es importante.»
»O podríamos instalarnos y pescar
en un lugar que esté cerca de la casa de tu madre. No sería tan bonito, pero de
todos modos haríamos una vida al aire libre y también satisfaríamos otras
necesidades. Y los chicos no se subirían por las paredes. Incluso podríamos
proyectar actividades de recreo con los primos, los tíos y las tías, lo cual
sería una ventaja adicional.»
Sinergizan. Se comunican en ambas
direcciones hasta que aparece una solución con la que ambos se sienten bien, y
que es mejor que cualquiera de las propuestas originales. Es mejor que la
transacción. Es una solución sinérgica que genera P y CP.
No se trata de una transacción
sino de una transformación. Las dos partes consiguen lo que realmente quieren,
y en el proceso construyen la relación.
Sinergia negativa
La búsqueda de la tercera
alternativa es un cambio de paradigma importante, que desplaza a la mentalidad dicotómica
de «O esto o aquello». La diferencia en los resultados es muy grande.
¿Cuánta energía negativa se
consume por lo general cuando las personas tratan de resolver problemas o tomar
decisiones en una realidad interdependiente? ¿Cuánto tiempo se dedica a
«confesar» los pecados de los otros, al politiqueo, la rivalidad, los
conflictos interpersonales, la protección de la propia retaguardia, la lucha
por el dominio y las profecías destructivas? Es como conducir un automóvil con
un pie en el acelerador y el otro en el freno.
Y en lugar de retirar el pie del
freno, la mayor parte de la gente aprieta más el acelerador. Trata de aplicar más
presión, más elocuencia, más información lógica para fortalecer su posición.
El problema consiste en que
personas altamente dependientes están tratando de tener éxito en una realidad
interdependiente. Ellas dependen de la fuerza que obtienen de su posición y
procuran una salida del tipo gano/pierdes, o bien ceden a su necesidad de ser
po pulares y caer simpáticas, y su salida es del tipo pierdo/ganas. Pueden habl
ar de la técnica de ganar/ganar, pero en realidad no quieren escuchar, quieren manipular.
Y la sinergia no prospera en ese ambiente.
Las personas inseguras piensan
que toda la realidad puede ser dócil a sus paradigmas. Tienen una gran necesidad
de convertir a los otros en clones, de moldearlos con su propio pensamiento. No
comprenden que la fuerza misma de la relación reside en que en ella se cuenta
con otro punto de vista. Igualdad no es identidad, la uniformidad no es la
unidad. La unidad o la identidad suponen complementariedad, no igualdad. La
igualdad no es creativa... y es aburrida. La esencia de la sinergia consiste en
valorar las diferencias.
He llegado a creer que la clave
de la sinergia interpersonal es la sinergia intrapersonal, es decir, la
sinergia interior de cada persona. El corazón de la sinergia intrapersonal está
contenido en los principios de los primeros tres hábitos, que proporcionan una
seguridad interior suficiente como para asumir los riesgos de ser abierto y vulnerable.
Mediante la internalización de esos principios, desarrollamos la mentalidad de
abundancia de ganar/ganar y la autenticidad del quinto hábito.
Uno de los resultados más
prácticos de centrarse en principios consiste en que ello nos totaliza, nos
integra por completo. Las personas profundamente programadas con un pensamiento
lógico, verbal, de hemisferio izquierdo, descubrirán lo totalmente inadecuado
que es ese pensamiento para resolver problemas que requieren mucha creatividad.
Toman conciencia e inician un nuevo guión con su hemisferio derecho. No se
trata de que antes su hemisferio derecho no existiera: estaba adormecido. Los
músculos no estaban desarrollados, tal vez sólo atrofiados desde la primera
infancia, como con secuencia del fuerte énfasis puesto en el cerebro izquierdo,
propio de la educación formal o la programación social.
Cuando una persona tiene acceso
al hemisferio derecho, intuitivo, creativo y visual, y también al hemisferio izquierdo,
analítico, lógico, opera con la totalidad de su cerebro. En otras palabras, hay
si nergia psíquica en nuestra propia cabeza. Y esta herramienta se adecúa mejor
a la realidad de la vida, porque la vida no es sólo lógica, es también
emocional.
En una oportunidad yo conducía un
seminario titulado «Administre con la izquierda, lidere con la derecha» en una
empresa de Orlando, Florida. Durante la pausa, el presidente de la compañía se
me acercó y me dijo:
«Stephen, esto me intriga. Pero
he estado pensando en este material más en función de su aplicación a mi matrimonio
que a mi empresa. Mi mujer y yo tenemos un verdadero problema de comunicación.
¿No querría usted almorzar con nosotros y tener la amabilidad de observar cómo
nos comunicamos?».
«Hagámoslo», le contesté.
Al sentarnos a la mesa
intercambiamos algunas br omas. Después el hombre se volvió hacia la esposa y
le dijo: «Querida, he invitado a Stephen para ver si puede ayudarnos en nuestra
comunicación recíproca. Sé que piensas que yo debería ser más sensible y
considerado. ¿Podrías dar algún ejemplo de lo que tú crees que yo debería
hacer?». Su hemisferio izquierdo dominante quería hechos, cifras, ejemplos
concretos, partes.
«Bien, como te he dicho antes, no
es nada específico. Se trata más bien de una sensación general que tengo sobre
las prioridades.» Su hemisferio derecho dominante abordaba la sensación y la
Gestalt, el todo, la relación entre las partes.
« ¿Qué quieres decir con
"una sensación general sobre las prioridades"? ¿Qué es lo que quieres
que yo haga? Dame algún ejemplo específico que yo pueda manejar.»
«Bien, es sólo un sentimiento.»
Su hemisferio derecho operaba con imágenes, sentimientos intuitivos.
«Simplemente no creo que nuestro
matrimonio sea tan importante para ti como me dices que es.»
« ¿Qué puedo hacer para que se
vuelva más importante? Dam e algo concreto y específico para continuar.»
«Es difícil decirlo con
palabras.»
En ese punto, él me lanzó una
mirada como diciendo: «Stephen, ¿podría usted soportar este mutismo en su
matrimonio?».
«Querida», le respondió a ella,
«ése es el problema contigo. Y es el problema con tu madre. En realidad, es el
problema con todas las mujeres que conozco.»
Después empezó a interrogarla
como para obtener una especie de declaración legal.
« ¿Vives dónde quieres vivir?»
«No se trata de eso», suspiró la mujer.
«No es eso en absoluto.»
«Lo sé», respondió él con una
paciencia forzada. «Pero puesto que no quieres decirme exactamente qué es,
supongo que el mejor modo de descubrirlo consiste en descubrir lo que no es.
¿Vives dónde quieres vivir?»
«Supongo que sí.»
«Querida, Stephen va a estar aquí
sólo unos pocos minutos para tratar de ayudarnos. Responde con un rápido
"sí' o "no". ¿Vives dónde quieres vivir?»
«Sí.»
«Muy bien. Este tema está
resuelto. ¿Tienes las cosas que quieres tener?»
«Sí.»
Esto siguió un tiempo más. Yo
advertí que no conducía a ningún sitio, de modo que intervine y dije: « ¿Es así
como funciona su relación?».
«Día tras día, Stephen»,
respondió él.
«Ésta es la historia de nuestro
matrimonio», volvió a suspirar ella.
Los miré a ambos, y se me ocurrió
que eran dos medios cerebros que vivían juntos. «¿Tienen hijos?», les pregunté.
«Sí, tenemos dos.»
« ¿En serio?», insistí con
incredulidad. « ¿Cómo lo han hecho?»
« ¿Qué quiere decir que cómo lo
hicimos?»
« ¡Han sido sinérgicos!»,
exclamé. «Uno más uno habitualmente es igual a dos. Pero ustedes hicieron que uno
más uno fuera igual a cuatro. Ahora bien, eso es sinergia. El todo es más que
la suma de sus partes. Así que, ¿cómo lo hicieron?»
«Usted sabe cómo lo hicimos», me
contestó el hombre.
« ¡Seguramente valoraron las diferencias!»,
fue mi comentario.
Valorando las diferencias
La valoración de las diferencias
(mentales, emocionales, psicológicas) es la esencia de la sinergia. Y la clave
para valorar esas diferencias consiste en comprender que todas las personas ven
el mundo no como es, sino como son ellas mismas.
Si yo viera el mundo como es, ¿de
qué me serviría valorar las diferencias? ¿Por qué habría de molestarme siquiera
en prestar atención a alguien que está «fuera del camino»? Mi paradigma es que
soy objetivo; veo el mundo tal como es. Todos los otros se dejan enterrar por
las minucias, pero yo veo todo el cuadro. Por ello me llaman «supervisor»:
tengo una «supervisión».
Con ese paradigma nunca seré
efectivamente interdependiente, ni siquiera efectivamente independiente.
Me limitarán los paradigmas de mi
propio condicionamiento.
La persona verdaderamente
efectiva tiene la humildad y el respeto necesarios para reconocer sus propias limitaciones
preceptúales y apreciar los ricos recursos que pone a su disposición la interacción
con los corazones y las mentes de otros seres humanos. Esa persona valora las
diferencias porque esas diferencias acrecientan su conocimiento, su comprensión
de la realidad. Librados a nuestras propias experiencias, constantemente
padecemos una insuficiencia de datos.
¿Es lógico que dos personas
disientan y que ambas tengan razón? No es lógico, es psicológico. Y es muy real.
Usted ve a la joven, yo veo a la anciana. Los dos miramos el mismo dibujo, y
los dos tenemos razón.
Vemos las mismas líneas negras,
los mismos espacios en blanco. Pero los interpretamos de diferente modo, porque
hemos sido condicionados para ello.
A menos que valoremos las
diferencias de nuestras percepciones, a menos que nos valoremos recíprocamente
y creamos en la posibilidad de que ambos tengamos razón, de que la vida no sea
siempre un «O esto o aquello» dicotómico, de que casi siempre hay terceras
alternativas, nunca podremos trascender los límites de ese condicionamiento.
Lo único que yo puedo ver es a la
anciana. Pero comprendo que usted vea alguna otra cosa. Y lo valoro.
Valoro su percepción. Quiero
comprender.
De modo que cuando tomo
conciencia de la diferencia de nuestras percepciones, digo: « ¡Bien! Usted lo
ve de otro modo. Ayúdeme a ver lo mismo que usted».
Si dos personas tienen la misma
opinión, una de ellas es innecesaria. Para mí no representaría ninguna ventaja
comunicarme con alguien que sólo ve a la anciana. No necesito hablar,
comunicarme, con alguien que esté de acuerdo conmigo; quiero comunicarme con
usted porque ve las cosas de modo diferente. Valoro esa diferencia.
Al hacerlo, no sólo aumento mi
propia conciencia; también lo estoy afirmando. Le ofrezco aire psicológico.
Retiro el pie del freno y libero
la energía negativa que usted tal vez haya invertido en la defensa de una posición
particular. Creo un ambiente para la sinergia.
La importancia de valorar las
diferencias queda bien reflejada en la citadísima fábula escrita por el educador
doctor R. H. Reeves, titulada «La escuela de los animales».
Una vez, los animales decidieron
que tenían que hacer algo heroico para solucionar los problemas de un «nuevo
mundo», de modo que organizaron una escuela. Adoptaron un currículo de
actividades consistente en correr, trepar, nadar y volar. Para facilitar la
administración todos los animales cursaban todas las materias.
El pato era excelente en
natación, mejor incluso que su instructor, y obtuvo muy buenas notas en vuelo,
pero pobres en carrera. Con el objeto de mejorar en este aspecto ten ía que quedarse
a practicar después de clase, e incluso abandonó la natación. Esto duró hasta
que se le las timaron sus patas de palmípedo y se convirtió en un nadador
mediano. Pero el promedio era aceptable en la escuela, de modo que nadie se preocupó,
salvo el pato.
El conejo empezó a la cabeza de
la clase en carrera; sin embargo, tuvo un colapso nervioso como consecuencia
del tiempo que debía dedicar a la práctica de la natación.
La ardilla trepaba muy bien hasta
que comenzó a sentirse frustrada en la clase de vuelo, en la que el maestro le
hacía partir del suelo en lu gar de permitirle bajar desde la copa del árbol.
También sufrió muchos calambres como consecuencia del excesivo esfuerzo, y le
pusieron apenas un suficiente en trepar y un «insuficiente» en correr.
El águila era una alumna
problemática y fue severamente castigada. En la clase de trepar llegaba a la
cima del árbol antes que todos los otros, pero insistía en hacerlo a su modo.
Al final del año, una anguila anormal
que nadaba muy bien y también corría, trepaba y volaba un poco, tenía el
promedio más alto y le correspondió pronunciar el discurso de despedida.
Los perros de la pradera quedaron
fuera de la escuela y cuestiona ron por qué la administración no incluyó en el
currículo las materias de cavar y construir madrigueras. Pusieron a sus cachorros
a aprender con el tejón, y más tarde se unieron a marmotas y topos para
inaugurar una escuela privada de gran éxito.
Análisis del campo de fuerzas
En una situación
interdependiente, la sinergia es particularmente poderosa para tratar con las
fuerzas negativas que obran contra el desarrollo y el cambio.
El sociólogo Kurt Lewin
desarrolló un «análisis del campo de fuerzas», modelo con el cual describía cualquier
nivel presente de rendimiento o del ser, como un estado de equilibrio entre las
fuerzas impulsoras que alientan el movimiento ascendente y las fuerzas
restrictivas que lo desalientan.
Las fuerzas impulsoras, por lo
general, son positivas, razonables, lógicas, conscientes y económicas. En oposición,
las fuerzas restrictivas son a menudos negativos, emocionales, ilógicos,
inconscientes y psicológicos sociales. Ambos conjuntos de fuerzas son muy
reales y deben tenerse en cuenta para abordar el cambio.
En una familia, por ejemplo, hay
un cierto «clima» en el hogar, un cierto nivel positivo o negativo en las interacciones,
de seguridad o inseguridad para expresar los sentimientos o hablar sobre las
preocupaciones, de respeto o falta de respeto en la comunicación entre los
miembros.
Es posible que usted quiera
modificar ese nivel. Tal vez aspira a crear un clima más positivo, más respetuoso,
más abierto y confiado.
Sus razones lógicas para hacerlo
son las fuerzas impulsoras que tienden a elevar el nivel.
Pero no basta con intensificar
esas fuerzas. A ellas se oponen otras, las fuerzas restrictivas: a través del espíritu
de competencia entre los chicos, de las programaciones diferentes de la vida
hogareña que usted y su cónyuge impusieron a la relación, de los hábitos
desarrollados en la familia, del trabajo o de otras metas que reclaman su
tiempo y su energía.
La intensificación de las fuerzas
impulsoras puede dar resultado... por poco tiempo. Mientras subsistan las fuerzas
restrictivas, tener éxito es cada vez más difícil. Es lo mismo que estirar un
resorte: cuanta más fuerza se ejerce, más fuerza se hace necesario ejercer,
hasta que el resorte ya no cede y, en cuanto uno se cansa de estirar, recobra
su extensión primitiva.
El sube y baja resultante, el
«efecto de yo-yo», determina que, después de varios intentos, uno piense que «la
gente es como es» y que «cambiar es muy difícil».
Pero al introducir la sinergia
utilizamos el motivo del cuarto hábito, la aptitud del quinto hábito y la interacción
del sexto hábito para actuar directamente sobre las fuerzas restrictivas.
Creamos una atmósfera en la cual resulta seguro hablar sobre esas fuerzas. Las
des congelamos, las desatamos y generamos nuevas comprensiones que realmente
convierten esas fuerzas restrictivas en fuerzas impulsoras. Hacemos que las personas
entren en el problema, con lo cual tienden a convertirse en partes importantes
de la solución.
Como resultado, se crean nuevas
metas, metas compartidas, y la totalidad de la empresa asciende de nivel, a
menudo de una manera que nadie podría haber previsto. El entusiasmo que lleva
consigo ese movimiento crea una nueva cultura. Las personas involucradas están
recíprocamente inmersas en la humanidad de los otros, y se enriquecen con un
pensamiento nuevo y fresco, a través de las nuevas alternativas y oportunidades
creadoras.
Varias veces he participado en
negociaciones entre personas coléricamente enfrentadas, que habían contratado a
abogados para defender sus respectivas posiciones. Y todo lo que lograban era
exacerbar los problemas, porque la comunicación interpersonal se iba deteriorando
a medida que se avanzaba en el proceso legal. Pero el nivel de confianza era
tan bajo que las partes consideraban no contar con más alternativa que recurrir
a los tribunales.
Mi pregunta era: « ¿Le
interesaría obtener una solución ganar/ganar con la que ambas partes se
sintieran bien?».
Por lo general obtenía una
respuesta afirmativa; sin embargo, la mayoría de las personas no creían que fuera
posible.
«Si consigo que la otra parte
esté dispuesta, ¿quiere iniciar el proceso de una comunicación real entre ustedes?»
También en este caso, la respuesta
era, por lo general, «Sí».
Casi siempre los resultados
fueron sorprendentes. Problemas que habían dado origen a batallas legales y psicológicas
de meses de duración quedaron solucionados en unas pocas horas o unos pocos
días. Por otro lado, la mayoría de esas soluciones no fueron transacciones de
compromiso; fueron sinérgicas, mejores que las propuestas separadas de las
partes en pugna. Y en la mayoría de los casos las relaciones continuaron,
aunque al principio parecía que el nivel de confianza tan bajo y la ruptura tan
prolongada iban a resultar casi irreparables.
En uno de nuestros programas de desarrollo,
un ejecutivo se refirió a un fabricante demandado por un industrial, antiguo
cliente suyo, por incumplimiento de contrato. Cada parte creía que su posición
era la justa, y percibía a la otra como carente de ética y completamente
indigna de confianza.
Cuando empezaron a practicar el
quinto hábito, dos cosas resultaron claras. Primero, los problemas tempranos de
comunicación generaron una incomprensión que más tarde se vio exacerbada por
acusaciones y contraacusaciones. Segundo, al principio ambas partes actuaron de
buena fe, y no deseaban el costo y las molestias de la disputa legal, pero no
veían ninguna otra salida.
Después de haberse establecido
esos dos puntos, prevaleció el espíritu de los hábitos cuarto, quinto y sexto;
el problema quedó rápidamente resuelto y la relación continuó prosperando.
En otro caso, recibí una llamada
telefónica, temprano por la mañana, de un urbanizador de tierras que buscaba
ayuda con desesperación. El banco quería someterle a un juicio hipotecario
porque no estaba cumpliendo con el programa de pagos. Necesitaba fondos
adicionales para poder vender la tierra y devolverle el dinero al banco, pero
éste le negaba más crédito hasta que realizara los pagos programados. Era el problema
del huevo y la gallina con la subcapitalización.
Mientras tanto, el proyecto se
desmoronaba. Las calles estaban empezando a parecer campos de maleza, y los
propietarios de las pocas casas construidas reaccionaron con furia al ver caer
los valores de sus propiedades. La ciudad también estaba trastornada por el
proyecto residencial de «alto status» que se convertía en algo ofensivo para la
vista. El banco y el urbanizador ya habían destinado decenas de miles de
dólares a gastos legales, y no se preveía que el caso pudiera llegar a
solucionarse antes de varios meses.
Desesperado, este urbanizador
estuvo de acuerdo (con renuencia) en poner en práctica los principios de los
hábitos cuarto, quinto y sexto. Concertó una reunión con los aún más renuentes
funcionarios del banco.
La reunión empezó a las ocho de
la mañana, en uno de los salones de reunión del banco. La tensión y la desconfianza
eran palpables. El abogado del banco les había indicado a los funcionarios que
no dijeran nada.
Sólo debían escuchar; hablaría
exclusivamente el abogado, que no quería que ocurriera nada capaz de comprometer
la posición de la institución en los estrados.
Durante la primera hora y media
expliqué los hábitos cuarto, quinto y sexto. A las nueve y media me dirigí a la
pizarra y puse por escrito las preocupaciones del banco sobre la base de nuestra
comprensión anterior. Al principio los funcionarios no decían nada, pero cuanto
más comunicábamos intenciones de ganar/ganar y procurábamos primero comprender,
más se abrían ellos para explicar y clarificar.
Cuando empezaron a sentirse comprendidos,
cambió toda la atmósfera y se hizo evidente una sensación de ímpetu, de
entusiasmo, ante la perspectiva de una solución pacífica del problema. Pasando
por encima de las objeciones del abogado, los funcionarios se fueron abriendo
aún más, planteando incluso preocupaciones personales. «Cuando salgamos de
aquí, lo primero que nos dirá el presidente será: "¿Conseguimos nuestro
dinero?". ¿Qué le contestaremos?»
A las once, los funcionarios
seguían convencidos de la justicia de su posición, pero se sentían comprendidos
y ya no estaban a la defensiva ni se mostraban tan puntillosos. En ese momento
se habían abierto lo bastante como para escuchar las preocupaciones del urbanizador,
que enumeramos en el otro extremo de la pizarra. La consecuencia fue una
comprensión mutua más profunda y la conciencia compartida de que la pobrísima
comunicación anterior había originado incomprensiones y expectativas no
realistas; también resultó claro que la comunicación mantenida con un espíritu
de ganar/ganar podría haber evitado el desarrollo de los principales problemas
siguientes.
Todos experimentaban una
sensación de dolor, agudo y crónico, combinada con otra acerca de que se estaba
realizando un progreso auténtico, y ello propició una comunicación fluida. Al
mediodía, cuando estaba previsto que terminara la reunión, el estado general de
la gente era creativo, positivo y sinérgico; querían seguir conversando.
La primera solicitud del
urbanizador fue considerada por todos como un inicio de enfoque ganar/ganar.
Ello se sometió a un proceso de sinergia y perfeccionamiento, y a las 12.45 el
urbanizador y los dos funcionarios del banco salieron con un plan para
presentarlo juntos ante la Asociación de Propietarios y el gobierno municipal.
A pesar de algunas complicaciones ulteriores, se abandonó la disputa legal, y
el proyecto llegó a una conclusión exitosa.
No pretendo que nunca haya que
iniciar procesos judiciales. Algunas situaciones los requieren. Pero los veo
como un recurso de última y no de primera instancia. Si se abren prematuramente,
incluso con finalidad preventiva, a veces el temor y el paradigma legal crean
ulteriores procesos de pensamiento y acción que no son sinérgicos.
Toda la naturaleza es sinérgica
La palabra «ecología» se refiere
básicamente a la sinergia de la naturaleza: todo está relacionado con todo.
En la relación se maximiza la
fuerza creadora, así como el poder real de estos siete hábitos reside en su vinculación
recíproca, y no en cada uno de ellos considerado aisladamente.
La relación entre las partes es
también el poder que permite crear una cultura sinérgica en una familia o una
organización. Cuanto más auténtico sea el compromiso, más sincera y sostenida
será la participación en el análisis y resolución de los problemas, mayor la
liberación de la creatividad de todos y el compromiso con lo que se cree. Estoy
convencido de que ésta es la esencia del poder del enfoque japonés de la
empresa, que ha transformado el mercado mundial.
La sinergia da resultados; es un
principio correcto. Es la realización suprema de todos los hábitos anteriores.
Es la efectividad en una realidad interdependiente: es formación del equipo, es
trabajo de equipo, desarrollo de la unidad y la creatividad con otros seres
humanos.
Aunque en una interacción
interdependiente no podemos controlar los paradigmas de los otros, ni el proceso
sinérgico en sí, gran parte de la sinergia reside en nuestro círculo de
influencia.
Nuestra propia sinergia interna
está por completo dentro de ese círculo. Podemos respetar los dos aspectos de
nuestra propia naturaleza: el lado analítico y el lado creativo. Podemos
valorar las diferencias entre ellos y utilizar esa diferencia para catalizar la
creatividad.
Podemos ser sinérgicos dentro de
nosotros mismos incluso en un ambiente muy adverso. No es obligatorio sentirse
afectado por los agravios. La energía negativa puede esquivarse dando un paso a
un lado; podemos buscar lo bueno de los otros y utilizarlo, por diferentes que
sean de nosotros, para mejorar nuestro punto de vista y ampliar nuestra
perspectiva.
Podemos mostrar coraje en las
situaciones interdependientes y ser abiertos, expresar nuestras ideas, nuestros
sentimientos y nuestras experiencias de un modo que anime a los demás a abrirse
también ellos.
Podemos valorar las diferencias
en otras personas. Cuando alguien disienta de nosotros, diremos: « ¡Bien!
Usted lo ve de otro modo». No es
obligatorio que estemos de acuerdo con él; simplemente podemos afirmarlo.
Y podemos procurar comprender.
Enfrentados a dos alternativas la
nuestra y la «errónea» podemos buscar una tercera alternativa sinérgica. Casi
siempre existe esa tercera alternativa; si la buscamos con una filosofía de
ganar/ganar y realmente procuramos comprender, por lo general hallamos una
solución mejor para todos los interesados.
Sugerencias prácticas
1. Piense en una persona que por
lo general ve las cosas de un modo distinto del suyo. Considere de qué modo
podrían utilizarse esas diferencias como piedras del camino que llevan a
soluciones de tercera alternativa. Tal vez pueda sacar a la luz sus
concepciones presentes acerca de un problema o proyecto valorando las
diferentes ideas que probablemente escuche.
2. Haga una lista de las personas
que le irritan. ¿Representan diferentes concepciones que podrían conducir a la
sinergia si usted tuviera una mayor seguridad intrínseca y valorara las
diferencias?
3. Identifique una situación en
la cual usted desea un mayor trabajo de equipo y sinergia. ¿Cuáles serán las condiciones
necesarias para apoyar la sinergia? ¿Qué puede usted hacer para crear esas
condiciones?
4. La próxima vez que esté en
desacuerdo o se enfrente con alguien, trate de comprender las preocupaciones
subyacentes de la posición de esa persona. Oriente esas preocupaciones de un
modo creativo y mutuamente beneficioso.
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